
Hoy ha sido un día como otro para muchos, incluso para mí aunque mis amigos y familia se hayan empeñado en convertirlo en un día maravillosamente excepcional.
Algo impide que pueda escribir estos días como antaño pero... ahora intentaré hacer un esfuerzo.
He estado pensando si merecía o no la pena seguir con este blog. Algunos han dicho que no. Otros me han invitado a dedicar mi tiempo a otras cosas en otros lugares en los que jamás he estado, ni pienso. Los más... dicen que sí; y yo con ellos.
Me pregunto si por el hecho de ser sacerdote ya no puedo hablar ni opinar. Y como respuesta me he topado con la fantástica verdad de que en ningún otro sitio ni momento de mi historia he vivido tan plenamente en libertad como desde que soy sacerdote... en y por la Iglesia de Jesucristo. Y una libertad que sólo aquí, en la Iglesia y con Cristo, se puede disfrutar.
Y desde esta libertad y sin dejar jamás de ser lo que soy seguiré, como muchos, diciendo que la verdad es una y única; nunca diré que llueve cuando en realidad alguien está meando (con perdón) sobre uno. Ni me importa si le gusta a unos o a otros; ni me preocupo creyendo que si lee esto este o aquel puede molestarse. Sólo me preocupa si lo que hago le agrada o no al Único que merece ser adorado y por el único por el que merece perderlo todo, hasta la vida (que en realidad, no sería perder sino ganar).
Sí, ya lo dijiste Tú: "veritas liberabit vos" (Jn 8, 32)
Un blog humilde. Un buen día para escribir.
-Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti-
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