lunes 6 de diciembre de 2010

"Tío, estás loco."

Este sábado tuve la suerte de encontrarme con un grupo de medio centenar de jóvenes de Melide (A Coruña). Ellos tuvieron la bondad de regalararme una hora de su tiempo para que pudiese contarles el testimonio de mi vida. A estos jóvenes les conté cómo había gastado parte de mis años en la búsqueda de la felicidad.
Una bufanda tapaba intencionadamente el clerygman que llevaba puesto. Y ellos entendían que aquel joven les estaba hablando sobre su vida por razones nada claras; una vida que, como dijo uno, "no nos importa demasiado".
"Y seguí buscando la felicidad, aquí y allá", les dije, "hasta que, al fin la encontré". Y, diciendo esto, retiré la bufanda para que quedase a la vista esa camisa negra con una tira blanca en el cuello que manifestaba que yo era cura. En ese momento los ojos de todos me miraron con la misma sorpresa con la que mirarían a ET si se les aparece un día en el salón de su casa. Y, en el silencio que nos envolvió de repente, se escuchó la voz de una chica que, con toda la sinceridad del mundo, se dirigía a mí: "tío, estás loco". 

Y lo pensé y se lo dije: "sí, estoy loco". 
Ahora bien, en este mundo de cuerdos... hay que estar un poco loco para que la vida tenga sentido y sea, de verdad, una vida merecedora de ser vivida. ¡Y bendita locura!
Como dice la canción de Povia: "¡vivan los locos que han entendido qué es el amor!" Y yo tuve la suerte de entender qué es el amor.

Lo que aún no sé es si estoy loco por ser cura o si soy cura por estar loco. Estoy convencido de que algo de locura es necesaria para ser cura; sí. Y ojalá haya muchos locos. Porque sólo los locos serán capaces de cambiar este mundo de cuerdos.

Hace 2000 años caminaba por el Mundo un loco que partió en dos la historia de la humanidad; un loco que, por su locura, consiguió que el camino de los hombres y de las mujeres fuese dividido en "antes del loco" y "después del loco". Este loco loquísimo era Dios y nació en un establo. Este loco loquísimo era Dios y murió crucificado. Este loco loquísimo quiso quedarse entre nosotros en un trozo de pan y en un poco de vino. Este loco loquísimo venció a la mismísima muerte y resucitó. Este loco loquísimo sigue vivo y continúa llamando a muchos a unirse a su locura. Este loco loquísimo es el que me ha dado la felicidad. 
Este loco loquísimo, querida joven, es el motivo de mi locura. 
Tenías razón, estoy loco, sí.

-Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti-

1 comentarios:

  1. Gracias por tu locura. ¡Bendita locura!

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