martes 23 de noviembre de 2010

En defensa de Asia Bibi

Asia Bibi es una mujer pakistaní que ha sido condenada a muerte por blasfema. Su blasfemia, su grandísima y terrible blasfemia, ha sido confesar públicamente su fe. Es cristiana evangélica y... debe morir.
Según cuenta HazteOir, Asia vive en un pueblo llamado Ittanwali donde residen unas 100 familias cristianas. Sus familiares han sido perseguidos, apaleados y torturados. Asia fue llevada ante un tribunal por sus vecinos y la condenaron a pagar una multa equivalente a lo que gana en un año un trabajador en Pakistán. No contentos con esto... han decidido que debe morir por haber dicho que "la Verdad reside en el Evangelio".

Asif Ali Zardari es el presidente de la República Islámica de Pakistán y es, en definitiva, el último responsable de la atroz persecución que están viviendo los cristianos (católicos, evangélicos, etc.) en ese país cuyo nombre significa "tierra de pureza".

Querida Asia Bibi:
Ayer era el último día para hacer alegaciones contra tu sentencia. No sabemos cómo estarás ahora; ni siquiera sabemos si sigues estando. A lo peor, o a lo mejor, ya no estás en esa cárcel en la que las autoridades de tu país te han metido por haber cometido el execrable crimen de creer en Jesucristo.

Lo que sí sabemos es que mereces todo nuestro apoyo, respeto y admiración. Eres y serás para muchos, pase lo que pase o esté pasando lo que esté pasando, un ejemplo de mujer fuerte, de mujer libre y de mujer, en definitiva, de verdad.

Rezamos por ti, Asia, para que no te arrebaten la vida y para que Dios convierta tu gran sufrimiento en semilla caída en tierra buena.

Hermana en Cristo, condenamos tu condena.

-Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti-



lunes 22 de noviembre de 2010

Tiene sentido


La vida está repleta de sorpresas: unas muy gratas, otras no tanto y alguna, incluso, ingrata. Así la vida es pasión y desafío, ilusión y crecimiento.
Lo bueno de todo esto es que lo que sucede, lo que nos ha sucedido y lo que nos sucederá, entra dentro de la suprema inteligencia de Aquel que lleva el timón de la historia de todos y de cada uno de los que formamos parte de los días y las horas de este mundo. Y esto es tremendamente maravilloso y reconfortante.
Una vida sin Dios es una vida vacía de todo sentido. Sin Él ninguna de las muchas preguntas que se nos plantean podría encontrar una respuesta más o menos aceptable. Pensando seriamente en lo que somos y tenemos debemos concluir que si toda respuesta posible está en lo meramente humano... somos unos seres muy desgraciados; somos, simple y llanamente, unos monos que hemos tenido la malísima suerte de evolucionar hasta conseguir una maldita inteligencia que nos hace desear algo más.
Esta vida es fantástica; pero lo es porque en el corazón de todo ser humano existe una dosis de confianza que nos lleva a creer que todo tiene sentido. Absolutamente todo tiene respuesta y todo, absolutamente todo, tendrá un final que, en y desde Dios será, siempre, feliz.
Desde los gastados y empañados ojos del mundo hay cosas que parecen exigir ser miradas a través de la desesperanza y la desilusión. Pero desde los ojos de la fe, a veces también gastados y empañados, todo exige ser mirado desde el color y la alegría de haber alcanzado una respuesta. Una respuesta que sólo Alguien grande, muy grande y poderoso que pueda superar incluso aquello aparentemente insuperable, puede dar.
Si Dios existe todo tiene sentido. Con Él ninguna realidad, por fuerte que parezca, tendrá el poder de destruir aquello que Él mismo sostiene en la existencia.


Sólo con Dios existe el sentido. Sólo con Él y por Él merece la pena correr hasta la meta. Sólo con Él y por Él vale la vida continuar hasta que nuestro pecho rompa la cinta que separa la carrera del descanso.
Con Dios todo es maravilloso y fantástico. Suceda lo que suceda, ya conocemos el final de la historia: el Amor ha logrado una victoria que jamás nada ni nadie podrá arrebatarle.

Sonreír y vivir en la esperanza de que merece la pena caminar. Sonreír y vivir en la confianza que da el saberse amados por un Dios que es todo amor y misericordia. Y afirmar sin miedo que mi vida no es el resultado de una conjunción de desastres evolutivos sino la consecuencia del infinito amor de Alguien que lo ha hecho todo por mí y para mí.

-Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti-

lunes 8 de noviembre de 2010

El Papa vino a España... y volverá


Fin de semana con el Papa en España.

Él es el Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano pero es, sin duda, muchísimo más que eso. Benedicto XVI es el sucesor de San Pedro, el Vicario de Cristo en la Tierra, el líder de la Iglesia Católica, el Siervo de los siervos de Dios. Y este hombre estuvo con nosotros, vino a España.
Hace unas horas se despedía de nuestra nación invitándonos a vernos de nuevo el próximo mes de Agosto en Madrid. Y volverá.

Ahora toca hacer balance de su visita y cada cual dice: unos en el terreno de la objetividad, otros en el contrario. Pero lo cierto es que Benedicto XVI llegó, estuvo y habló. Llegó y estuvo como un hombre sencillo y humilde que lleva sobre sus ancianas espaldas el gran peso de la Iglesia. Y habló de "verdad", de la Única Verdad; y nos recordó que todos llevamos en nuestro interior el deseo incuestionable de encontrarla. Y habló de libertad, de la Única Libertad que nace de haber encontrado a la Verdad y que nos lleva de manera formidable por el camino del respeto a la vida y del amor al bien. Verdad, libertad, vida, amor, bien; todos ellos conceptos que una y otra vez escuchamos este fin de semana de boca del Vicario de Cristo.
Verdad, libertad, vida, amor, bien. Sólo eso; ¡casi nada! Y parece que a algunos no les gustó; buena señal.

Santo Padre, somos muchos los que le dirigimos ahora a usted las mismas palabras con las que nos agasajó minutos después de aterrizar en el aeropuerto de Lavacolla: "Moitas grazas".

Santo Padre, gracias por venir a esta Nación orgullosa de haber sido y ser, pese a quien le pese, mayoritariamente católica. Gracias por haber estado entre nosotros y demostrarnos, una vez más, que nos quiere a todos como un verdadero padre. Muchas gracias por su presencia y sus palabras. Muchas gracias por exhortarnos a ser verdaderamente libres y libremente verdaderos. Muchas gracias por ser y estar. Gracias, Santo Padre.
Y no se olvide nunca de nosotros, no se olvide nunca de esta España que le quiere a pesar de que algunos pocos pierdan fuerzas y tiempo en hacer creer al Mundo que no es así. España le quiere, y mucho.
¡Nos volveremos a ver en Madrid, sí!


-Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti-