Cuando el Tiempo de Navidad está viviendo sus últimos días, es momento de ir recuperando la tranquilidad de lo ordinario y la feliz monotonía de lo continuo.
Es cierto que cada día, sea cual sea dentro del año, es una nueva oportunidad que Dios nos da para lograr la santidad y vivir la verdadera felicidad; y por esto mismo, cada mañana debemos aceptar el compromiso de convertir esas 24 horas que empezamos en las mejores de nuestra existencia (como si fuesen, que algún día serán, las primeras y las últimas).
Pero no es menos cierto que el tiempo y las circunstancias hacen que algunos días, como estos vividos de la Navidad, sean especialmente distintos.
Por eso digo que llega el momento de ir recuperando lo ordinario.
Hemos vivido estos días de Navidad (que concluirá este Domingo) y, sin duda, seguro que para muchos han sido jornadas de gracia y bendición y, para otros, días de pecado y separación de Dios; hacer mención de aquellos para los que la Navidad ha pasado "sin más"... es también de justicia, porque los habrá.
¿Y para mí qué ha significado la Navidad, esta Navidad? ¿Y para ti?
Ojalá que en esta Navidad hayamos comprendido la grandeza de tener un Dios que es capaz de hacerse uno como nosotros pudiendo haberse mantenido distante y distinto de la realidad humana. Ojalá que en esta Navidad hayamos sido capaces de entender que, gracias a Dios, ser hombre o mujer es algo infinitamente mayor que cualquier cosa imaginada e imaginable.
Ojalá que en esta Navidad hayamos permitido que Nuestro Dios naciese también en nuestro corazón llenándolo completamente de lo que Él es: amor, bondad, felicidad.
Ojalá haya sido así. Y si no ha sido... ojalá sea en cualquier otro día que, aún existiendo en la tranquilidad de lo ordinario y en la feliz monotonía de lo continuo, nosotros, con la ayuda de Dios, podemos convertir en la Nochebuena de nuestras vidas.
-Sagrado Corazón de Jesús, confío en Ti-

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada